Cuando un masaje se vuelve una cábala
Antes del primer partido de Argentina en el Mundial, mi novia me pidió un masaje en los pies. Yo pensé que era un gesto romántico y nada más. Después Argentina ganó... y de repente seguir masajeando dejó de ser una decisión personal. Se convirtió en una responsabilidad nacional. 😂
Lo que funciona, no se toca
En Argentina, una vez que algo funciona durante un partido, ya no se cambia. No se cambia de asiento, no se cambia de camiseta, no se cambia la comida y, aparentemente, tampoco se deja de masajear.
Yo no crecí viviendo el fútbol así. En Estados Unidos también hay rituales deportivos: gente que usa la misma gorra o se sienta siempre en el mismo lugar. Pero nunca había visto a un país entero transformar cada pequeño gesto en una posible contribución al resultado. Acá, antes de un partido importante, parece que millones de personas empiezan a negociar en silencio con el universo. "Si ganamos con esta camiseta, no la lavo." "Si Messi hace un gol cuando estoy parado, no me vuelvo a sentar." No tiene sentido, y justamente por eso nadie se atreve a desafiarlo.
Messi tenía su trabajo, y yo tenía dos pies
Esa noche mi novia, que es bailarina, estaba en el sillón mirando la previa. Empecé el masaje justo antes del partido. Argentina salió a jugar, las cosas empezaron a salir bien, y apareció una idea peligrosa: tal vez no podíamos parar.
No porque realmente creyéramos que mis manos controlaban el partido, sino porque no queríamos descubrir qué pasaría si dejaban de hacerlo. Eso es lo extraordinario de una cábala: casi nadie necesita creer completamente en ella. Solo necesita no estar dispuesto a correr el riesgo.
Así que seguí. Me dolían las manos, intentaba cambiar de posición sin alterar demasiado el ritual, y en algún momento dejé de sentir que estaba haciendo algo amable por mi novia. Sentí que estaba cumpliendo una función táctica. Messi tenía su trabajo, el arquero tenía el suyo, y yo tenía dos pies en mis manos.
Por qué existen las cábalas
Después empecé a escuchar las cábalas de otras personas. Familias que tienen que mirar el partido en la misma casa. Alguien que no puede usar cierta camiseta porque la última vez Argentina perdió. Gente que no puede mirar un penal de frente. Cada ritual era distinto, pero todos respondían a la misma necesidad: hacer algo.
Cuando enfrentamos algo importante que no podemos controlar, esperar pasivamente puede ser insoportable. La cábala convierte la espera en participación. Ya no sos solamente un espectador: tenés una tarea. Y eso te da algo más profundo que una ilusión de control. Te da un lugar dentro de la historia.
Para mí, eso fue enorme. Yo no había nacido con esas canciones ni tenía recuerdos de infancia ligados a la Selección. Pero tenía una responsabilidad ridícula y específica dentro de ese partido, y por ridícula que fuera, me hizo sentir un poco menos afuera.
Cábala antes, aguante después
Claro que las cábalas también tienen su lado difícil. Lo que empezó como juego puede volverse obligación, y cuando el equipo pierde aparece la tentación de buscar culpables donde no los hay. Porque la verdad más incómoda es esta: podemos amar algo con toda nuestra fuerza y aun así no controlarlo.
Ahí aparece otra palabra muy argentina: aguante. La cábala acompaña el momento antes del resultado; el aguante aparece después, cuando ya sabemos que no controlábamos nada y sin embargo seguimos presentes. Argentina me está enseñando que participar no siempre significa producir un resultado medible. A veces significa acompañar, estar, sostener una emoción con otros.
Lo que de verdad cambió esa cábala
Desde una mirada racional, mi masaje no hizo nada. Pero dentro de nuestra casa hizo algo: creó un recuerdo y nos dio una historia para repetir. Y la próxima vez que empezó un partido importante, apareció la pregunta: "¿No tendríamos que repetirlo?" Ahí entendí que la cábala ya existía, porque una acción había quedado unida a una emoción.
Tal vez mis manos nunca cambiaron un resultado. Pero esa cábala cambió mi lugar dentro de la historia. Por un rato dejé de mirar el Mundial como extranjero. Yo también estaba jugando, aunque mi posición fuera un poco extraña.
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