No me robaron solo una cuenta
En octubre de 2026 publiqué un short cuya descripción cuenta esto, sin adornos: me robaron el canal de YouTube @soy.zachary. Terminé llorando en los brazos de mi novia. Lo que vino después —mensajes, abrazos, un «¿estás bien?» en una panadería— me recordó por qué me quedé en la Argentina.
En Threads escribí, cuando recuperé el canal, que los argentinos no me habían robado la cuenta: me habían «hackeado» la idea de que tenía que arreglármelas solo. No voy a inventar el detalle técnico de la recuperación ni a citar mensajes privados. Lo que sí puedo afirmar, porque lo dije en público, es que la red de cuidado que apareció esa semana pesó más que el susto.
Si alguna vez te hackearon una red, ya sabés esa mezcla de bronca e impotencia. Lo que a mí me sorprendió no fue el delito: fue la cantidad de gente que, sin deberme nada, se acercó. Es la misma clave que aparece en otras historias de este blog, del desmayo en Almagro a la pregunta de si la independencia es siempre una fortaleza.
Si te gustó, te aviso cuando publique la próxima
Me escribo cuando sale una historia nueva sobre la cultura argentina y la vida entre Argentina y Estados Unidos. Sin ruido: solo cuando hay algo para leer.
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